No nos dejes caer en la tentación...

April 21, 2019

 

Cuando era niño, una de las fechas que con mayor entusiasmo esperaba, era la Semana Santa. En aquel tiempo, acérrimo participante pastoral, vivía con recogimiento cada uno de los distintos ritos celebrados en mi parroquia.

 

Además del hermoso regalo de no tener clases (sí, siempre fui un porro!!), la Semana Santa, era un espacio en el tiempo, que transformaba el cotidiano ambiente pueblerino, en un mágico terreno lleno de signos y reflexión.

 

Pronto crecí, y de aquel niño pechoño, sólo quedó el recuerdo. Poco a poco asumí una nueva transfiguración, pero esta vez, hacia el pecado!!! (Acabo de persignarme 3 veces)...

Pero mi alma sólo conoció la verdadera oscuridad, una vez que ingrese a la escuela de medicina, gracias al gentil auspicio de uno que otro docente. Inicialmente todo parecía tranquilo, aprendiendo cada día a llenar mi mochila de síntomas y signos a los que enrolaba con un nombre que formaba parte de una lista interminable de patologías!!

 

A medida que subía de grado, me enfrentaba a distintos pacientes que calzaban dentro de estos patrones, haciendo del ejercicio médico una cuestión matemática y al parecer, exenta de errores en la medida que recordaras los ingredientes que componían cada enfermedad. A veces, no lograba etiquetar adecuadamente a mis pacientes, por lo que mi docente me corregía diciendo que me faltaba aprender una nueva patología. De vez en cuando, el paciente se descarrilaba mucho de la presentación a la que hacían mención los libros, entonces, aparecía el lado más apócrifo de las enseñanzas, la vieja, pero confiable frase: "está loca".

 

Dicho eslogan, ha asumido multiplicidad de formas en nuestra práctica clínica, dando rienda suelta a códigos para expresar la supuesta condición psiquiátrica de un paciente, como por ejemplo:

 

Es un "HI" (pronúnciese como hache-i, haciendo referencia a la palabra histérico/a)

Esta es una paciente VDM (acrónimo para nombrar a las Viejas De Mierd%$@).

Una vez en mi internado, al aumentar el nivel de exposición a los pacientes enfermos, me di cuenta, que los patrones de reconocimiento fallan, generando una enorme epidemia de "locos".

Veía tantos "locos" a cada semana, que pensé en ser psiquiatra... una vez... aunque ese pensamiento duró una milésima de segundo, por lo que ni siquiera alcancé a darme cuenta... jejejeje.

 

Hasta que un día, mientras estaba sentado en el baño, me pregunté: ¿De dónde venimos? ¿Dónde vamos? ¿Existe la vida más allá de la muerte? ¿Realmente hay tantos locos? ¿Dicha locura, explica los síntomas de los pacientes?...

 

Hoy les responderé las últimas...

La palabra loco, es una palabra de etimología incierta, se piensa que proviene del árabe layqa, que se puede traducir como tonto o estúpido. Sin embargo, coloquialmente la usamos para referirnos a un paciente que tiene una patología mental... Con esta definición más amplia, tanto el Dr. Po, como yo, estaríamos locos. Y estoy seguro, por el apéndice que me fue sustraído hace varios años, que el abdomen agudo que suscitó magno evento, no fue consecuencia de mi locura.

¿Por qué entonces, es que somos tan proclives a tildar a un paciente como "loco" cuando se sale de nuestros patrones aprendidos?

 

La razón está en nuestro cerebro... esa bolsa de neuromas sedientas de ocio que llevamos bajo nuestro cabello.

Somos expertos en ahorrar energía, y por lo mismo, las decisiones que tomamos, estarán muy influenciadas por lo rápida y sencilla que pueda parecer una alternativa por sobre otra.

Los patrones de reconocimiento son parte de un trabajo previo que nos permite ahorrar energía posteriormente. Ya que reconocer un patrón exige mucho menos desgaste que realizar un pensamiento deductivo lógico sobre cada síntoma y signo para obtener una hipótesis diagnóstica que luego validaremos o no en la medida que vamos obteniendo mayor información.

 

Kahneman, un psicólogo norteamericano-israelí, nos habla de los sistemas de pensamiento en los que se mueven nuestras decisiones. El Sistema 1 es un esclavo de las emociones y actúa rápida y automáticamente, con pequeño o ningún esfuerzo y sin la necesidad de un control voluntario. El Sistema 2, por otra parte, funciona como un agente racional que concentra con esfuerzo la atención hacia las actividades mentales.

 

La mayor parte del tiempo vivimos tomando decisiones en el sistema 1 (reconociendo patrones), lo cual no está mal, porque nos permite dosificar nuestras energías para responder durante el día sin desgastarnos hasta desfallecer, más aún si estamos de turno en un servicio de urgencia.

El problema está, cuando seguimos usando el sistema 1, a pesar de que nuestro paciente no calza con el patrón de reconocimiento...es aquí, queridos amigos, que tenemos dos alternativas:

A. Tildarlo de loco.

B. Usar el sistema de pensamiento tipo 2 y concentrarnos en que algo no anda según lo esperado, por lo que debiera tener una evaluación más exhaustiva.

 

La respuesta más sencilla, y por ende, atractiva para nuestro holgazán envuelto en meninges, es tildar de loco a nuestro paciente... Lo que puede llevar muchas veces, a un mal pronóstico y una pésima atención.

Esta es la eterna tentación a la que estamos sometidos y que de vez en cuando, nos hace cometer los errores más espantosos. Véase: meningitis psiquiátrica

 

La "locura" es como un closet donde van a parar todas aquellas cosas que no sabemos ordenar... 

 

¿Cómo evitar estos errores?

 

Principalmente, te sugerimos dos acciones:

 

Primero: ¡¡¡Sé honesto!!! Si algo no calza con el patrón, no te engañes, ni engañes al paciente, oblígate a usar tu sistema 2, pide ayuda, dale una vuelta a tu decisión y verás que puedes llevarte más de una sorpresa.

 

Segundo: fórmate en una especialidad de medicina de urgencia, la exposición supervisada te permitirá ser mas consciente de tus sesgos y errores cognitivos, lo que disminuirá la probabilidad de llamar loco a tus pacientes.

 

Cómo PorrosEM, te invitamos a reflexionar durante estos días de semana santa y a pedirle cada día a tu cerebro, antes de partir tu turno, que no te deje caer en la tentación para que de esa forma, nuestro paciente se libre, dentro de lo posible, de todo mal... amén.

 

 

 

 

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